Los ángeles del pasado, presente y futuro elevaban todos sus pensamientos hacia el cielo del olvido, aletargando sus fastuosos problemas, que regresarían en el brusco despertar de la melodía de piano del amanecer. Sus rostros, ocultos por una luz blanquecina cegadora, se reconvertían en todas las personas que habían jugado algún papel estratégico en su vida. Las estrellas de la imaginación descendían fugaces sobre la faz de aquella tierra fantasiosa, aportando contradicciones reales, infinitos imposibles y tiempos superpuestos en una atmósfera de cálidos y reconfortantes vapores de sentimientos.Las marcas que la gente graba a fuego son permanentes en el corazón y permanecerán ahí por mucho que esa gente desaparezca. Esto podría parecer divertido incluso, pero cuando la ausencia se hace insoportable, dichas marcas se convierten en abrasadoras puñaladas de dolor que desangran poco a poco a la felicidad, que tantas veces es secuestrada en el periodo de las lunas que dura una vida.
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