miércoles, 30 de julio de 2014

Nada

Es escalofríante como puede cambiarte la vida en un momento. Como ese instante en que dos personas cruzan sus miradas y quedan petrificados, conectados por las pupilas, se convierte en un universo infinito en el que el mundo entero deja de girar y todo se  ilumina, los colores se avivan y ese fuego incandescente del pecho aviva su llama hasta alcanzar el tímido destello que pone de nuevo en marcha la actividad de lo trivial del mundo. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Well, why?

Cuanto tiempo. Lo siento, esto está un poco empolvado. Y si, si temes a las arañas, mejor no mires las telarañas. No tenía pensado utilizar este refugio de nuevo. Bueno, refugio o no tan refugio, las líneas de desvarío son lo mejor que tengo en estos momentos, y se comenta que recientes investigaciones afirman que tienen efectos beneficiosos para la salud (física será, porque mental…).
¡Puaj! Qué asco de lenguaje científico se ha apoderado de mí, ¿no crees? No se qué hacerle, tantas horas enfrascado en esas entretenidas reacciones. Menos mal que llegó el turrón, y con él las cosas más importantes que atender, sino, puede que me hubiese convertido en un enzima.
Ya, basta. En fin, te contaría que tal están todos, cuan altos, o que nuevos cortes de pelo hay, pero no merecería la pena. Tampoco los conoces, bueno, a veces me da la impresión de que ni siquiera los conozco yo. Pero es mentira, solo son exacerbados intentos por alejarme de la puta realidad.
“Puta vida tete”. ¿La sociedad? Bueno, sigue como siempre, decadente sin causa, basta como el asparto y con una tontería que se regodea en la falsa inteligencia. Hay unos señores muy famosos (políticos, creo que se hacen llamar), que están jugando una partida de ajedrez muy bonita. ¡Y se apuestan nuestras vidas! Te encantaría, tú que siempre has sido fan de la crueldad, de lo tétricamente fantasioso y de la inmundicia. Lo mejor sin duda es que la gente esta petrificada, dando la espalda. Parece que hay cosas tan fantásticas que importan más que los derechos, que encandilan con una brizna de sonido y con una imagen. Yo creo que no es más que un poderoso placebo, al que por lo visto, tras tanto tiempo en un laboratorio, parezco ser inmune.
La bella dama, ha caído en un sueño profundo, se ha desplomado desde la mas alta torre, y se ha abierto la cabeza contra el tercer escalón de su palacio. Quedó todo hecho un estropicio. Sangre y sesos por todos lados. Quitar las manchas de vísceras es la peor tarea del universo. Aun así, dicen que ni siquiera aquella tremenda caída, consiguió despertarla de su letargo inmortal. Yo sin embargo, puede que pecando por enésima vez de optimista, creo que se tuvo que despertar, y aunque sea abrir un milímetro los ojos, para ver el mundo por última vez. Sería muy triste que solo llevase al nuevo mundo el recuerdo vil y sanguinario de los demonios y titiriteros que la engatusaron hasta deshidratar el último soplo de magia de su sangre.
Una historia triste, sí.
A pesar de la conmoción, no consigo desentrañar aun la razón por la que relleno el blanco de nuevo. Es extraño, jamás antes me había ocurrido. Es como tener una bandada de murciélagos en la cabeza. Por lo menos sé que estos no son negros, ni tan feos, y que suelen llamarse, pensamientos, sentimientos, y los peores, Dudas. Creo que llevan celebrando el nuevo año, que eclosionará en unas horas, como cosa de una semana. No cesan de revolotear campantes por los recovecos de mi cráneo, gritando palabras, susurrando a las neuronas, malversando las ideas, coaccionando a la imaginación, y desordenando todo lo que encuentran a su paso.
Mi caos ordenado se ha convertido en un caos caótico.
Lo nuevo, se mezcla con lo viejo, los recuerdos, con imágenes de futuro. Los pilares que sostienen las delicadas galerías de cristal en las que se aposenta el corazón de mi cabeza, se vuelven añicos, y se desmenuzan, igual que un humilde anciano desmenuza el pan para dárselo de comer a las palomas. El problema es que estas palomas son carnívoras y tienen sed de que los millones de escombros puntiagudos, afilados y gélidos impregnados de nostalgia, rasguen las cartas del pasado, rompan los lienzos del futuro, y se claven en los tiempos del presente, provocando un efluvio de realidad.
Realidad, como es de esperar, real, con sus grises y sus llantos, su frío viento y su lluvia, amargura y lágrimas, entrecruzadas con los suspiros a la deriva del negro despertar del mundo de los sueños. Abandonado lo tengo, aquel, mi pequeño mundo, en el que nimiedades eran aventuras, y donde parecía que todo cobraba vida con el soplo de alegría de la sonrisa del café de cada mañana. Sin duda, el peor momento de ese despertar es cuando lo intrascendente se vuelve trascendente. Pero vamos, resumiendo, que despertar en esta tormenta, de arena, cuchillos y oleadas de rencor no ha sido nada fácil.

 Esa necesidad de querer dormir otra vez acurrucado entre los brazos de la tranquilidad, reposar cinco minutos más en la paz de la infancia, pasar otra tarde mas en las soleadas llanuras de la inocencia. Eso es lo único que pido, y una de las pocas cosas imposibles en el mundo. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Mirrors

Salió de la ducha y le lloraba el cuerpo, el pelo, los dedos de las manos y hasta los ojos. Se cubrió con una toalla que le pareció lo más suave del universo, tacto cálido, como el abrazo de un amigo. Se miró en un espejo que de reflejó la imagen más delicada de su vida. Frágil, como el murmullo del arrollo en una noche de verano, devolvía una mirada siniestra y cansada, de niño enclaustrado en una apestosa fábrica gris. El calor lo había empañado todo, y un vapor perfumado con olor a lilas le rodeaba en aquel baño diminuto, puro, blanco y exquisito, refugio de todos los males de la catástrofe llamada planeta tierra.

Aquella tarde, entre las calles del infierno, infestadas de verano y fuego, aletargadas y empalagosas, se le habían roto todos los abrazos y las caricias que estaban guardadas delicadamente en las vitrinas de cristal de la memoria de Futuro, entre los recuerdos canosos y los instantes previos a nacer. Todo se convirtió en cenizas azuladas, con toques de esmeralda, que languidecían mientras los vientos del huracán pasado ululaban y golpeaban con son mortífero las ventanas del palacio de la imaginación.

Los días verdes y soleados fueron arrasados y mancillados, como las excavadoras arrasan con un parque para hacer el nuevo edificio de oficinas de la millonaria multinacional. Pálidos y tímidos pensamientos asomaban de entre los escombros, teñidos del negro de la impotencia y del fucsia zalamero e indigesto del egoísmo propio.


El ocaso, fuera, tocaba ya a su fin y la tormenta se cernía, grande, fuerte y orgullosa. Hora de cerrar puertas y ventanas, tomar las finas barras del incienso de la calma y dejarse teletransportar por unas pocas líneas que un perturbado dejó para el recuerdo, hasta que la sombra y la oscuridad del cansancio se apoderé del pobre ánima que se cortó con la daga de los sueños.

jueves, 18 de julio de 2013

Solo de pensarlo...

Un soplo de alas frescas le acariciaba desde el exterior del agua tibia del baño. Sumergido, olvidaba sus problemas y se zambullía en sus mil y un fantasías y gracias sin gracia, desastres agradables y sonrisas sin mejillas. Un mundo en el que valía la pena luchar. 
El error más grande que cometió fue vivir del recuerdo en lugar de investigar. Lanzarse a la aventura, atajar por las espesas selvas del conocimiento, cortando con el afilado machete de la experiencia las ramas de la ignorancia, plaga de aquel idilio y furibundo sueño empolvado en rastros azulados de agónica fantasía. Aquello si que habría sido una aventura.
El atrevimiento no es desconsiderado, es una forma preciosa de decir "Buenos días" a la vida. Podemos viajar, atentos a cada minúsculo detalle, y a la vez desconcertados y atónitos por la belleza, la pureza impura y la fragilidad de la perfección que brota de cada nuevo paisaje a la vuelta de la esquina.
Ya no queda otro remedio, es hora de marchar. Quedarse, supone el suicidio, y el silbido del revisor de la estación es demasiado ensordecedor y estremecedor como para no obedecerlo. Vuela. Salta, despega como arpegio desbocado en un acorde. Lucha y vive, se fuerte, porque siempre regresas a la calma, hagas lo que hagas. No hace falta volver, a casa, eso son tan solo detalles espaciales para los escépticos. 
Hogar es donde la calma te besa el corazón, y donde tus parpados pueden descansar cerrados, reposando bajo el aleteo calmado de todos los deseos dorados y barrocos, que son lucero en la vida y que nos rodean siempre, salvándonos de catástrofes inexpugnables y de los bailes demoníacos de la hipocresía inmoral, que infesta esos tumultos de intento de civilización que alguien se empeñó en elevar hasta el cielo.
No somos dioses del mundo. No somos dioses de la tierra. No somos dioses de nosotros mismos. No somos nada, más que unos pequeños grandes querubines intentando comprender como hemos acabado en este infierno sentimental y sin salida. Orfebres de catedrales a nuestro ego, cultivado y enaltecido a dimensiones sin sentido. 
¿Qué hacer? Bailar.

martes, 30 de abril de 2013

Engranajes

Qué siento o qué dejo de sentir es una de mis mayores preocupaciones en los últimos meses. No ceso de darle vueltas, de girar engranajes entre unas personas y otras, que se relacionan. Y siempre, justo cuando tienes todos casi colocados en la posición correcta, uno de los últimos se mueve y te desencaja todo el panel que habías conseguido armar a base de paciencia y de muchos dolores de cabeza.
Lo que sienta o no sienta solo es asunto mio, pero a veces desearía tener una especie de asesor, alguien, que me ayudase a discernir entre todos esos conceptos personales que se entremezclan y reúnen en la sombría plaza del devenir, donde juegan al juego de las sillas al son de la música de los engaños y las equivocaciones. Pero suele ocurrir, que justo cuando aparece tu comodín en la partida, alguien acaba de hacer un jaque demasiado importante como para que un arlequín con experiencia decida sobre ti.
Y entonces la desesperación llega a su culmen, todo se oscurecen y caen los primero copos de nieve de la noche sobre la ciudad, dispersando a las personas, que con un atisbo de esperanza en sus corazones, entonan un hermoso y solemne canto invocando un solo rayo de lucidez mental, que salve al pobre chico de su propia autodestrucción emocional.
Supongo, que no tendría escribiría esto, si tuviese claro que saldré el sábado y me tiraré a una tía medianamente decente a la que después no volveré a llamar, y a la que agradecer haber apaciguado el hambre de sexo durante algún tiempo, pero no considero esa clase de actos un logro. Aún así, no he descubierto la razón por la cual respeto o por lo menos no interfiero en todos esos tíos que van a comerse el mundo cada noche al ritmo de PitBull o Daddy Yankee.
A lo mejor es que no tengo el rango suficiente, pero entonces me autodesigno, con todos mis respetos, RETRASADO. Puede que solo sea un observador en este mero caos de universo en el que nos ha tocado vivir. O que tan solo sea el alcohol y el hecho de que sean las tres de la madrugada. Pero esta ultima razón es demasiado noble y ha engendrado demasiadas buenas ideas como para entristecerme mancillando su honor.
Total, al final, voy a acabar igualmente dormido al son de alguna canción del aleatorio, que decidirá que sueños me invadirán esta noche en el pequeño rango de sueño que me reservo solo para mi mismo.

Aparición

Me fui como un fantasma y volví recordando lo vivido. Volver a veces está bien, otras está mal, y otras debería de estar prohibido. Pero es como un vicio para los fantasmas, así que para uno que tienen no deberíamos quitárselo  Pobres criaturas... ¡¿Es que nadie piensa en los fantasmas?! A veces me da la sensación de que no. Son unos incomprendidos. Se pasan la eternidad recordando lo que hicieron, el daño y el placer que ocasionaron, las risas y las lágrimas que desataron y no les queda otra que contemplar las jaulas vacías de todos los sentimientos que se les escaparon.
Pobres fantasmas... Tiene que ser duro, eso de no poder hacer cosas nuevas digo. Intentar tirarlo todo, porque estas furioso y que no se mueva ni una mota de polvo. O cuando estas triste, querer estar solo y sentir que no hay paredes suficientes en el mundo para ocultarte. Intentar cambiar cosas del pasado, y que todos te escuchen menos la persona sobre la que el pobre fantasma da vueltas y vueltas y ni siquiera se inmuta. Tan solo está ese pequeño libro de cuentos que cuenta la historia del pobre fantasma y que permanece ahogado en el polvoriento desván de los deseos rotos por la avaricia sentimental.
Vivir de los recuerdos no es vivir, al igual que respirar las pasiones que otros expulsan tampoco es respirar.

Up in my dreams


Caminaba con paso ligero por las calles. Las lujosas ventanas de los chalets estaban ya apagadas y las hojas se arremolinaban al compás del viento por las esquinas de los edificios  revestidos de piedra labrada. Meterse por el barrio rico era el mejor atajo para alcanzar su casa tras una noche de fiesta en la que el gélido viento de Abril endemoniaba la oscuridad llena de sombras. Despidió a su amigo, y continuó solo atravesando los callejones y los pasadizos para acortar. Las farolas iluminaban bien todos los rincones, pero aquella noche no habrían hecho falta. Ya estaba allí el impresionante lucero amarillo que se embravece de vez en cuando.
La luna, dominaba todo el cielo nocturno, quitando todo el protagonismo que tenían las estrellas. Amaneció enfrentándose al ocaso, imponente y amarilla como el sol naciente. Rodeada de nubes, conseguía resaltar su aura mágico y místico, con aires pomposos, haciéndose reina de la noche y emperatriz de las pequeñas mentes perturbadas que osaron fijarse en ella como en una noche cualquiera. Creció y creció, alimentándose de historias, buenas y malas, y su luz fue azulando los paisajes, helando todo lo que iluminaba, creando espectros de hielo por las calles, igual que los otros. 
Pero ante todo, la luna guiaba e invocaba a los fantasmas del pasado, a los recuerdos armados con dagas de papel y con palillos puntiagudos. Atacaban sin piedad, y como no, hacían de sustrato para que germinase la culpa, el remordimiento, el echar de menos y el cariño. A pesar de ello, como en toda batalla, la imaginación puede más, y si se sabe utilizar, con la ayuda de un buen libro, te libras de esos bastos sucedáneos de sentimientos, al menos por un rato, hasta que te quedas dormido con las paginas que desvelan el final del capitulo entrelazadas a tus dedos, y en tu mente, en lugar de la hermosa historia de caballeros y princesas que tan interesante parece, hay otro hermoso recuerdo que te hace caer rendido con una sonrisa entre almohadas.